sábado, 30 de agosto de 2008

Así nacieron los Cerdos Voladores...


Era una plácida tarde de sábado, y como suele suceder cuándo no sucede nada, sucedió lo impensado. La cerdita se enamoró de un águila.

Estas historias son bastantes frecuentes en esta vida de encanto, aunque pocas veces se dan a conocer. La verdad es que no son muy apreciadas por los contadores de fábulas y generalmente quedan bastante desvirtuadas, como fue el caso del Lobo y la Abuelita, pero esa es otra historia.

El hecho es que la chanchita, con sus patitas gorditas y rabito acolochado, terminó conquistando el corazón del elegante águila. Se los solía ver juntos al atardecer, cuándo caminaban por la orilla del río, gusto que compartían como costumbre…

En realidad se quedaban siempre en la orilla, puesto que la chanchita le temía a las alturas y él águila no apreciaba mucho el agua.

Entre paseos y caminatas, transcurrían sus tardes… bueno, parte de ellas, puesto que ella dormía la siesta y él se dormía cuando ni bien caía el sol.

Como decía, estaban hechos el uno para el otro. Se casaron, se fueron de luna de miel, hicieron el amor hasta desmayar como todos los recién casados… casi no comían, y terminaron, ella con una sistitis de película y él completamente “choyado”, y como no planificaron, ni usaron condón, ni se cuidaron de eyacular fuera… quedó embarazada.

Nacieron a los dos meses de gestación, eran los cerditos voladores más preciosos del mundo, sus padres no podían estar más orgullosos.

Los cerditos jugueteaban con el águila, cosa que molestaba sobremanera al pobre bicho que casi ni descansaba por su ardua labor de traer comida a los hambrientos y rosaditos hijos.

Los cerditos llevaban a su padre a sus lugares preferidos, sitios pantanosos, oscuros y llenos de barro, que lo ponían de muy mal humor dado que sus colegas águilas se burlaban de él y de su familia.

Decidió entonces como correspondía a todo padre preocupado, llevarlos a vivir a un lugar apartado, su lugar en el mundo... donde nadie pudiera burlarse.

Construyeron juntos mamá chanchita y papá águila, una casa mitad nido mitad chanchera y allí pasaban los días, tratando de preparar para la vida a sus 5 retoños.

A la cerdita cada día le gustaban menos las alturas. Añoraba cada vez más los charcos empozados e intentaba convencer a su esposo que disfrutara con ella de un buen baño de barro... pero él le molestaba cada vez más la suciedad y la humedad.

Se trataban de complacer, el águila se quedaba entonces en su nido/chanchera, viéndo televisión y tomando agua de charco. Y ella veía novelas mejicanas en el centro del nido hecho de ramas que con mucho amor le llevaba su esposo.


El, para el primer aniversario, la convenció de escaparse juntos en un vuelo de novela y a 20 metros de altura… cuando ella empezó con el vómito y la descomposición, mejor la bajó a tierra de inmediato.

Luego de un tiempo y como corresponde a la naturaleza, los retoños con un afán de imitiar a su entregado padre… se animaron en un vuelo… la mamá casi se vuelve loca del susto y se enojó con su esposo por alentarlos a volar…

-dónde has visto que los niños tienen plumas?, -qué ocurrencias las tuyas, -le marraneaba-

Pero, la naturaleza no engaña… a los niños, gorditos, rosados, robústos y con un adorable olor a sudor, les empezó a salir en su espaldita unas alas fuertes y grandes que les permitió emprender el vuelo… en contra de la voluntad de madre y del miedo que su padre le tenía a su esposa, VOLARON!!!

Y así se conjugó el amor de sus padres, se llevó a cabo el complemento perfecto. La posibilidad que tenía su madre de ver desde el reflejo de las aguas los cielos y la que tenía su padre de ver desde los cielos la tierra…

Eran perfectos, nacidos de la debilidad de los dos y de las fortaleza de ambos… o sea del AMOR.