lunes, 1 de marzo de 2010

¿Es el fin del Mundo?


Las fechas no se contradicen cuando se trata de anunciar un gran cataclismo universal. Hay hasta fecha para ello y acaso algunos comerciantes advertidos no están otorgando ningún crédito que exceda el año en cuestión. Olemos a exterminio y ni con eso, los grandes jerarcas firman armisticios. Muy por el contrario, se prosigue en la búsqueda desenfrenada de recursos para afrontar las décadas venideras.
Todos contemplamos con escepticismo estos anuncios tan grandilocuentes, ya que desde que el mundo es una bola poblada, sus habitantes se han congraciado con aquellas agoreras predicciones, acaso para consuelo de sus propias almas que no soportan el vaivén de la existencia, de sus dudas y miserias. No hay mal que dure cien años, salvo las cucarachas, que nos sobrevivirán con largueza.

Todo ese hatijo de dudas fue muy bien manipulado por Nostradamus, quien, para no entregar datos que después fuesen fácilmente desmentidos, escribió sus predicciones en misteriosas cuartetas que pueden ser interpretadas en uno u otro sentido. Confieso que me sorprendió el personaje visualizado en sus menesteres arcanos y que retrataba al menudo y diabólico dictador nazi, con bastantes centurias de anticipación. El ilustre personaje francés fue el antecesor natural de toda esa multitud de brujos que ofrecen adivinarle el futuro hasta a un difunto.

Personalmente, casi estoy segura que surcaremos el firmamento sideral mucho después de la fecha estipulada y que continuaremos bregando día a día con la misma basura y con los mismos espejismos que nos asolan hoy en día. Como decía Mina mi abuela, el fin del mundo es algo que nos sucede uno a uno, a cada cual se le acaba el planeta cuando entrega su espíritu y se aleja de esta esfera cariacontecida, satélite de sí misma y de las naciones poderosas que la dominan de cabo a rabo…