sábado, 3 de abril de 2010

Post para Jesús


Hola Jesús:

Si bien no soy de aquellas que frecuentan las iglesias ni rezan en la adversidad, te respeto, te respeto siempre. Y eso, porque te veo representado a cada instante en los seres despojados, en los que sufren y claman justicia. También, te me apareces en cada rostro, en la límpida mirada de un niño, en la risa desdentada de un anciano.

Debo confesarte Chus, en pretéritos años, quise emularte, ser correcta, cordial, de una bondad ilimitada. Mi pretensión fue vana y vacía de contenido. Sólo regalé muchas cosas, que en realidad no me costaron nada, y recibí las gracias de esa gente bendecida. Pero todo aquello no bastó, porque no había dentro de mí ese don que a vos te permitió llegar a todos los corazones, ese mensaje inspirador por el que lograste ser admirado y seguido por una enorme masa de creyentes. La mía, era una pretensión sin destino, por lo que abdiqué al trono que me había autoimpuesto y te envidié, te envidié por tu perfección y creí ser entonces un ángel caído, con las alas chamuscadas por el menosprecio.

He leído la Biblia y me confundo en esa maraña de nombres y situaciones apocalípticas, le temo un poco a ese libro sagrado, no lo niego y he preferido acudir a tu obra y tu mensaje, siendo espectadora de esas películas archiconocidas, con situaciones maqueteadas por la mano hollywodense. Sea como sea, siempre estoy cerca de tus pasos, contemplo esas imágenes dolorosas y me duele esa debacle física en que te sumes, rechazo tu martirio y quisiera estar allí, para calmar tu sed, para hacer más dulce tu agonía.

Algo me sucede en estos días de recogimiento. Algunos intentan parecer superiores y se burlan de la religiosidad de la gente, presumo que más bien intentan hacer notar la inconsecuencia de los que hoy prescinden de la carne y, sin embargo, mañana continuarán con sus vicios y acciones ilegales. Algo me sucede a mí, durante estos días y callo. Y respeto. Y sueño. Algo de ese Jesús abortado renace en mi alma, y amo con fervor, y mis anhelos son simples pero rotundos, quisiera que me perdonaran los que me dieron la espalda, quisiera poder sonreírle al que me ofendió. La paz inunda mi espíritu y hasta algo parecido a una oración pugna por salir de mis labios. Y vibro, y aguardo ilusionada que algo cambie definitivamente en esta sociedad tan mal parida.

Perdóname, Jesús y perdónalos a ellos. Casi todos, saben muy bien lo que hacen. Y no se arrepienten, lo que es peor… Saludos...